El poder está en la frente

No me las quiero dar de padre de la psicología ni de amigo del misterio, de hecho este texto no tiene nada de científico. A diferencia de un alcalde en elecciones, yo no quiero engañar a nadie. Pero cada vez estoy más convencido de la motivación como posiblemente el factor más determinante (por encima de habilidades intelectuales o físicas) para lograr un determinado objetivo. Y sino que le pregunten a algunos concursantes de Gran Hermano. Como dice este personaje del fenomenal actor David Perdomo: el poder está en la frente.

¿Cómo influye la motivación?

Una vez leí en un libro de autoayuda titulado: “Para ti, perdedor perenne” que es imposible alcanzar nuestros objetivos si no creemos profundamente que podemos hacerlo. Es decir, no basta con tratar de vender la milonga a los demás o repetírnoslo en voz alta. Si no estamos verdaderamente concienciados de nuestras posibilidades de éxito, podemos engañar a muchos, como hizo en su día Mario Conde. Pero no podemos engañarnos a nosotros mismos, a nuestro cerebro. Sólo persiguiendo un objetivo desde la más profunda confianza seremos capaces de encontrar los recursos y la fórmula para salvar los obstáculos que surjan. Muchas veces este proceso de autoconvencimiento puede ser tremendamente costoso, como un futbolista brasileño de 22 años.
Yo achaco el por qué de esta dificultad principalmente a una idea que ya hemos visto en episodios anteriores: La Sociedad del Desfase. Yo soy muy de echarle la culpa de todo a la Sociedad del Desfase. Si algo hemos aprendido de la clase política es a no asumir responsabilidades y culpar a otros. Veamos a continuación algunos factores influyentes:
1. –Competitividad mal encauzada: La Sociedad del Desfase confunde las vías por las que haces circular tus energías. Hoy en día compites a nivel global. Y no me refiero a los chinos haciendo el doble de trabajo por la mitad de dinero, que también.

Pero en este caso hablo de cualquier idea, proyecto, actividad… que tengas. En internet te puedes ahogar con cantidad de ejemplos de gente que ya lo ha hecho “perfecto” o “mucho mejor” de lo que tú puedes llegar a hacerlo. En mi opinión, si decides enfocarlo en comparación con los demás, tienes buena parte de la batalla ya la tendrás perdida.
2. Restricciones limitantes aprendidas: Culturalmente, se te incrustan creencias y valores desde muy pequeño. Naces en una cultura con sus virtudes, sus defectos, y sus limitaciones. Por poner un ejemplo, a veces se dice que los españoles tenemos mucha vergüenza a hablar en inglés a pesar de que, a diferencia de Mariano Rajoy, sepamos hablarlo. Mientras que los alemanes se sueltan más intentándolo. Probablemente en España tengamos una “herencia cultural” de complejo de no saber hablar inglés.

Hay otros casos, como la vergüenza que nos puede dar hablar en público y que para los americanos es tan natural. En el sistema educativo americano hay multitud de actividades que motivan a los estudiantes a dar discursos en público desde jóvenes.
3. En occidente, un fracaso se interpreta a menudo como algo dañino, vergonzoso, deshonroso… algo que queremos evitar a toda costa. Precisamente una de esas cadenas mentales que comentábamos en el punto 2. En otras culturas diferentes, el fracaso se ve como fuente de aprendizaje, como una virtud, como prueba de haberlo intentado y como un motivo de orgullo comparable al de un hijo que estudie derecho.

Hay un par de aspectos más a enumerar, pero para reducir la densidad del texto y dotarlo de un poco de dinamismo, hemos solicitado a nuestro colaborador en parapsicología, Matías Giglia, su análisis. Para los que aún no lo conocéis, Matías es nuestro colaborador argentino. Tiene un desguace en Córdoba, Argentina, que es su principal fuente de ingresos. Un viejo negocio familiar. Pero también ejerce de pseudopsicólogo a tiempo parcial, en ratos libres, bautizos y comuniones.
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Mentalidad para ejercitar la motivación: El poder está en la frente

Tenemos la capacidad de cambiarlo. Sencillo a la par que complicado: despojarse de las autolimitaciones, del autosabotaje. Esto, a diferencia de la fama de Belén Esteban, no es algo que llegue de un día para otro. Hay que trabajarlo, entrenarlo, y reeducar a nuestro cerebro. Y seguro que en el proceso tendremos numerosos fracasos, pero recordemos que en cada situación de “fracaso”, surge una nueva oportunidad de aprender. Podemos decir entonces, que posiblemente nadie haya aprendido más en este mundo que los integrantes de la selección española de Javier Clemente.
El autor de “Para ti, perdedor perenne” nos propone que tengamos la mente abierta y la mentalidad del judoka que tiene cinturón blanco: le queda todo por aprender, todo por probar. Ese judoka será capaz de aprender de todos y cada uno de sus compañeros, ya que sus conocimientos son nulos. Si mantenemos esa mentalidad, aprenderemos de todos y todo lo que nos rodea cada día.
Si tiene miedo, vergüenza o limitaciones para practicar la llave de derribo, no la entrenará jamás.
Si la practica, al principio será un cúmulo de errores, luego corregirá los más evidentes. Tras peder 4-5 combates detectará aquellos que no lo eran tanto y practicará para mejorarlos. Finalmente ganará un combate, echará la vista atrás recordando el proceso, y se sentirá orgulloso, con más autoestima, y con un método de aprendizaje para usar en otros aspectos de la vida.
Veamos ahora que nos comenta al respecto Ricky Hombrelibre. Habla rápido pero claro, merece la pena prestar atención a la letra de la canción.

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