Sócrates, Sófocles, Sóstenes y Jeno… ¡Raí!

De milagro, pero se llama Raí Souza Vieira de Oliveira. Nació en Ribeirão Preto, en el estado brasileño de São Paulo en el año 1965.

Raí fue un futbolista genial. Marcó una época en su país y deslumbró en Europa a mediados de los 90. No lo hizo en ninguno de los clubes de moda de la época. No jugó en el Real Madrid, ni en el Barcelona, ni Milan, Bayern o Manchester United… lo hizo en el Paris Saint-Germain, que si bien es cierto que hoy es uno de los clubes más ricos del continente, en la última década del siglo XX estaba cláramente en un segundo escalón por detrás de los grandes.

A pesar de ser campeón del mundo, Raí siempre estuvo eclipsado para el gran público por su hermano que nunca llegó a serlo.

El hermanito de Sócrates

La figura de Raí no se puede entender sin su hermano Sócrates, 11 años mayor que él.
Empecemos por el principio:

El padre de esta curiosa familia, Raimundo, era un apasionado de la literatura y prácticamente un obseso de la filosofía clásica griega. Efectivamente, por eso decidió llamarle Sócrates a su hijo Sócrates. Otros dos de sus hermanos no corrieron mejor suerte y fueron bautizados con los nombres de Sófocles y Sóstenes.

Al propio Raí, su padre ya le tenía asignado el nombre de Jenofonte, pero entonces, la matriarca decidió dar un puñetazo encima de la mesa y decir que ya estaba bien. El padre cedió. Iba a ser Jenofonte pero se quedó en Raí (al fin y al cabo también por su padre Raimundo).

Sócrates fue el más mediático de los hermanos. Capitaneó a la selección brasileña del mundial de 1982 en España. Aquella selección partía como gran favorita para alzarse con el título. La prensa alaba y alabó siempre el extraordinario fútbol de aquel equipazo con Cerezo, Zico, Falcão… y Sócrates.

Pero todos conocemos a Italia. Cuando nadie se lo espera… ¡zas! Ellos fueron los encargados de enviar a casa a la canarinha para acabar proclamándose campeones.

Sócrates en el Mundial 82 (Sociedad del Desfase)
Sócrates en el Brasil-Italia del Mundial de 1982

El palmarés de Sócrates no es especialmente llamativo y no llegó a levantar ningún título con su selección nacional. Algo muy raro para un mito de este calibre en su país. ¿Qué lo hizo tan especial?

Los padres de esta familia tenían gran interés en cultivar la vertiente intelectual de sus hijos. Les permitieron jugar al fútbol siempre y cuando continuaran con sus estudios.

Quizás por esta razón, Sócrates estuvo siempre muy conectado e implicado con causas sociales y políticas en su país, lo que le valió un reconocimiento y cariño muy especial por parte del pueblo brasileño. Jamás ocultó su ideología izquierdista.

Sócrates hermano de Raí (Sociedad del Desfase)
Sócrates en el Corinthians, gran rival del Sao Paulo de Raí

Además, realizó durante su etapa como futbolista la carrera de medicina, por lo que le apodaron “el doctor“. No obstante, no abandonó tampoco sus vicios. Fumaba y bebía alcohol abiertamente ya durante su carrera como jugador. Precisamente falleció como consecuencia de su alcoholismo a la temprana edad de 57 años.

El mejor Raí en el São Paulo

La sombra de Sócrates era alargada para su hermano menor, y en realidad, nunca llegó a gozar de una popularidad similar. No obstante, Raí se ganó a pulso un lugar en la siempre competitiva historia del fútbol brasileño.

El club de sus amores siempre será el São Paulo. Equipo con el que empezó a jugar a los 22 años. Allí sí dejó una huella imborrable.

Tenía un físico portentoso en una época en la que no era tan común. Rozaba el 1,90 y tenía una potencia y una velocidad asombrosas. Un centrocampista ofensivo capaz de golpear el balón con gran potencia y precisión con ambas piernas. Tenía también un fantástico remate de cabeza. Técnicamente era un formidable regateador aunque con menos “florituras” que otros exponentes de la escuela brasileña.

Lideró a un São Paulo que marcó una época, y en la que destacan 2 Copas Libertadores y la Intercontinental de 1992. Esa final fue quizás el partido más importante en la carrera de Raí.

Raí contra el Barcelona (Sociedad del Desfase)
Raí en la final de la Copa Intercontinental de 1992

Aquel 13 de diciembre en Tokyo, el Barcelona de Cruyff era el principal favorito. El Dream Team se adelantó por mediación de Stoichkov. Sin embargo, los paulistas se llevaron el título remontando con un doblete de Raí (el segundo un sensacional gol de falta), que se coronó como el mejor jugador de la final.

Aventura en Europa y Copa del Mundo

Sus descomunales actuaciones en Sudamérica le propiciaron dar el salto a Europa. El Paris Saint-Germain efectuaba su primera tentativa de instalarse en la élite continental, y gracias al dinero suministrado por la televisión francesa Canal +, pudo afrontar fichajes costosos como el de Raí y confeccionar un equipo de alto nivel con los Lama, Ginola, Valdo, Djorkaeff o Weah.

Raí en el PSG (Sociedad del Desfase)
Raí en el PSG

Nuevamente Raí volvió a brillar. Lideró durante 5 años al conjunto de la capital, que ganó varios títulos nacionales así como la Recopa de Europa de la campaña 95-96.
En su primera temporada en Francia, además, fue convocado para disputar la Copa del Mundo de 1994 en Estados Unidos. La selección brasileña conquistó el título. Si bien es cierto, que su papel en el campeonato fue de más a menos.

Brasil en 1994 (Sociedad del Desfase)
Raí con el número 10 en el Mundial de 1994

En Europa, tanto el Real Madrid, como el Barcelona, como el Deportivo de la Coruña, sufrieron eliminaciones a manos de aquel PSG.

Tras esos exitosos años, Raí fue elegido por los seguidores parisinos como el mejor jugador de la historia del club. En 1998, el jugador volvería a Brasil para retirarse en su amado São Paulo.

Retirada y vida posterior

Raí, como no podía ser de otra manera con la familia que tuvo, se ha dedicado a numerosos proyectos sociales en su país natal desde su retirada. También ha desempeñado carrera como empresario, y dedica tiempo a su numerosa familia… con 17 años sintió que se le “pasaba el arroz” y fue padre. Su hija mayor, no quiso perder tiempo y le hizo abuelo a la increíble edad de 33 años.

El siempre corto pero profundo análisis de Cigala
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